Llegó a su nuevo colegio y se sentó, tímida, junto a otra niña. Llevaba un estuche nuevo con rotuladores de colores. Descorrió la cremallera y los fue separando en dos montones. Colocó en uno la escuadra y una regla; en el otro el cartabón y el transportador. En uno el boli azul, en el otro el boli rojo. Ofreció uno de los montones a su nueva compañera con una sonrisa de complicidad.
Ella la miró con picardía, aceptó el regalo, midió al milímetro el pupitre y lo dividió en dos, trazando una gruesa raya justo en el centro, con el rotulador negro y la regla que acaba de recibir.
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A veces, no nos damos cuenta de que, hay personas con las cuales tener un detalle es lo mismo que ponerles en la mano una pistola cargada.
ResponderEliminar¿Por qué no aprenderemos de una vez?
Te quiero, princesa.